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EL RETORNO DEL MALLKU

* Por: William Tórrez Pérez

Los conflictos de Achacachi, sumados a la conformación de un frente unido en contra de las políticas del gobierno del MAS, a saberse naciones originarias de Achacachi, el TIPNIS, campesinos productores ancestrales de coca y originarios del altiplano paceño, ahora reciben un marcado hecho simbólico: la reaparición de Felipe Quispe mejor conocido como El Mallku.

Debería de ser de preocupación para el gobierno que, entre los más destacados opositores a su régimen, se encuentran precisamente los pueblos indígenas de tierras altas y también de tierras bajas, más que interesante hecho dada la “máscara” del partido de gobierno que se las da de “indígena”.

Asimismo, llama poderosamente la atención que otro de los sectores en conflicto responda a los campesinos que cultivan coca en territorio ancestral (los yungas), dato muy interesante dado que en la práctica presumiblemente, la totalidad del consumo tradicional proviene precisamente de la zona yungueña.

También destacable es el valor político en cuestión que tiene el departamento de La Paz como actor decisivo en el balance de poder nacional, región que no responde ya al gobierno con la misma intensidad que en años pasados y esto debido entre otras cosas a los escandalosos e incluso impunes hechos de corrupción perpetrados por personeros del gobierno.

Así el escenario es muy propicio para el retorno de figuras políticas de índole contestatario y que desafían no sólo las políticas de gobierno sino también su discurso “indigenista”.

Este retorno de Felipe Quispe, el Mallku, al escenario político no es sino otra señal más de la crisis del partido de gobierno, máxime cuando hoy por hoy Quispe lidera de forma aparente el conflicto en contra del gobierno.

Hay que apelar a la historia reciente para saber que el factor desencadenante para el ascenso del MAS, fue la lucha iniciada por los campesinos de… Achacachi, con toda la cuota de desestabilización y trágicas muertes de compatriotas incluidos.

Es tiempo de dejar de lado las soberbias y hasta ridículas posturas de las autoridades, no se puede permitir un nuevo (en este caso septiembre) octubre negro, como producto de la necedad y la falta de reconocimiento de que estamos en crisis.

Más allá de todo el simbolismo que representa el retorno político del Mallku y el hecho de que se ha terminado la época de la “bonanza” por precios altos de materias primas, cabe mostrar preocupación por un más que probable desencadenamiento de la escalada de conflictos en el país, quizás estamos viendo la cuenta regresiva hacia la crisis final.

El lector lo decidirá.